sábado, 3 de noviembre de 2007

"Crónica del forastero", de Jorge Teillier


Fragmento




I


En el fondo de toda lejanía se alza tu casa
HERMANN BROCH


“No hay que silbar en la oscuridad”.
Sí,
no debo llamar al perro ya desaparecido.
Debo regresar solo.

La casa se abre
y es una fosa donde dormir
amparado por las hojas,
un manantial interminable
para el desierto mediodía.
Mi rostro quiere recuperar la luz que lo iluminaba
en el verano traído por la corriente del río.

Frente al molino
descargan los sacos de una carreta triguera
con los gestos de hace cien años.
Los gestos son los mismos
aunque la tierra se llene de cohetes
que llevan hacia otros mundos.

En el patio invadido de colas-de-zorro
un caballo se acerca a oler
la trilladora mohosa.

Frente al umbral
recibo la volcada copa de vino añejo
del sol de un nuevo día.

Los gallos me despiertan
y sus cantos
prometen ayudarme a alzar la casa.







 



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